JAF (Juan Antonio Ferreyra)

Cantante y guitarrista de rock y blues argentino, quien luego de 14 discos —entre ellos 5 placas disco de platino— y varios escenarios junto a Eric Clapton, Joe Cocker, Ian Gillan y BB King , decide revivir la historia del disco que lo lanzó a la fama en el año 1985 de la mano de Pappo. Esta nueva etapa se da en el marco del 30 aniversario de este enorme suceso y es realizado de la mano de Beto Topini (batería) y Pablo Santos (bajo), en los estudios de La Nave de Oseberg, titulado «JAF – Tributo A Riff VII – 30 Años Después».

— ¿Cómo andás?, ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente?
— Muy contento con todo esto que está sucediendo. Hay mucha gente que está trabajando conmigo y que está empujando para el mismo lado. Y cuando uno se siente acompañado por pares, hay más fuerza. Se suma todo y en este caso, 2+2 no son 4, es más, porque se potencian las habilidades, las expectativas, las posibilidades aumentan.

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— Bueno: contanos un poco ¡Cómo surge la idea de tu último trabajo «JAF – Tributo A Riff VII – 30 Años Después»?
— El pasado 28 de agosto, en el show que hicimos en La Trastienda, hicimos una zapada con mis compañeros Beto Topini y Pablo Santos en batería y bajo respectivamente, en la que tocamos Dios devorador y Ruedas de metal. La gente quedó enloquecida y cuando termino el show, muchos me dijeron que querían volver a escuchar esos temas de Riff, más específicamente los de Riff VII. ¡Y acá están!

— ¡Qué podemos encontrar en este disco? A tu criterio: ¡Qué diferencias tiene con aquel trabajo inicial junto a Pappo en 1985?
— El disco está bueno, me gusta mucho, puedo mostrar el sonido que tengo con mi banda, que es excepcional. Lo primero que podemos encontrar en este disco son los ocho temas de Riff VII más dos temas que yo conocía antes de entrar en Riff, que son Ruedas de metal y Susy Cadillac. La diferencia se basa fundamentalmente en que son distintos artistas los que graban. En esa ocasión éramos Norberto, Víctor, Oscar y yo. Y ahora somos Pablo, Beto y yo. Entonces la cosa es bien distinta.

— Este disco es bastante particular en su modo de venta ¡no? Ya que se podrá conseguir en «formato digital» (a través de tiendas virtuales y no estará a la venta en disquerías) ¡Cuál es el motivo de esta decisión? Porque además tenemos entendido que –después de su presentación oficial– vas a comenzar una gira nacional e internacional en la que cada entrada vendrá acompañada de un disco, el cual tendrá impreso el nombre del lugar donde se presente el concierto y su municipio…
— Decidimos hacerlo de esta manera, porque como no tenemos el apoyo de una compañía discográfica que ponga dinero para la difusión de los temas, resulta que si tocamos mucho y cada uno de los que compren una entrada se llevan el disco en forma de souvenir, vamos a estar haciendo una gran difusión. Sumado a los medios de comunicación amigos que nos dan una mano, mucha gente va a conocer nuestro trabajo y nuestra música va a llegar a todo el país, aun siendo artistas independientes.

— ¡Y qué nos podés adelantar de la presentación en vivo de este material el 30 de Mayo en el Teatro Vórterix? ¡Qué músicos te van a acompañar? ¡Habrá invitados?
— Invitados no va a haber. Voy a tocar junto a Pablo y Beto y puedo adelantar que va a ser una bomba energética y que la gente va a quedar muy contenta, independientemente del arte porque a esta altura ya está totalmente comprobado, porque tenemos una excelente posibilidad energética con el público y eso ya es un éxito.

— Remontándonos un poco a tus comienzos ¡Cómo fue tu acercamiento a la música? ¡Y a la guitarra y al canto en particular? ¡Te acordás de tu primer guitarra, si era nueva o usada, o de qué marca era?
— ¡Me acuerdo de todo! Mi acercamiento con la música fue a través de John Fogerty, que me enfermó la cabeza con su banda, con Creedence e inmediatamente quise ser él. Como todos los pibitos que recién empiezan, tenemos un ídolo y queremos copiarlo. Eso sucedió como algo natural y empecé con eso, entonces tenía una guitarra criolla que aún conservo, del día de Reyes Magos del 66 –me la regalaron mis papas– y empecé a tocar con eso. Pero a los 11 o 12 años le dije a mi mamá que necesitaba una guitarra eléctrica. Me compro una guitarra Cook modelo Hagtrom, con tres pastillas y un solo potenciómetro. Amarilla. Usada. Muy berreta, lo más berreta que había. 33 pesos de aquellos tiempos costó. Esa lamentablemente no la conservé. Porque fuimos a una casa de música y la cambiamos por una Faim 335 que tampoco funcionó porque al ser hueca, se acoplaba mucho. Yo no sabía nada de eso, tenía 11 años. Y la tercera guitarra, que fue una Faim también –modelo Les Paul– que ya ¡era espectacular! Es negra y esa la conservo.

— ¡Quiénes fueron tus primeros profesores? ¡Qué música escuchabas cuando eras chico?
— Mis viejos me mandaron a la profesora de música, pero no duré más de 25 días. La profesora me enseñó algunos tonos y algunas canciones como Lunita tucumana, Sapo cancionero, entre otras, pero por esos tiempos ya había empezado a escuchar a Creedence, y me di cuenta que con los acordes que yo conocía, que eran muy pocos, ya podía sacar los temas de Creedence sin que nadie me los enseñara. Así que no fui más a la profesora. Y saqué los temas de Creendence, después seguí con los temas de (Deep) Purple, y con temas de blues y con todo lo que pude, escuchando y tocando, escuchando y tocando, escuchando y tocando.

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— — ¡Y actualmente? ¡Con qué músicas/géneros te sentís más cómodo? ¡Quiénes son tus «ídolos» o referentes musicales?
— Ayer estuve mirando la película El cavernícola, con Ringo Starr, que me hace reír mucho y estuve escuchando cosas de Whitesnake, al mismo tiempo puedo escuchar el presente de los Vox Dei, pero cuando me enciendo es cuando pongo cosas de los Led Zeppelin o de Deep Purple o los negros Freddy King, Junior Wells, o Cross Blisters and Nash, por ejemplo.

— Antes de tu etapa con Pappo ¡tocaste en otros grupos?
— Sí… Toqué en un montón de grupos. El primero se llamó Corteza, tenía 10 años. Duró una semana. Éramos 3, con Gustavo Andino y Cacho Frecha, que no tenía bajo ni sabia tocarlo, pero era el bajista. Después seguimos solos con Gustavo y tocamos por varios años juntos: guitarra y batería, que no era una batería; era un tambor y a veces teníamos un platillo y si no, agarrábamos un pedazo de lata, le colgábamos unas tachitas para que haga un poco de ruido. En el otro extremo, a un primo mío, el padre le había traído de un viaje dos Gibson –una Hummingbird y una 335, que hoy deben salir unos 25 mil dólares cada una– y mi primo tenía la misma edad que yo. Entonces, sonábamos como podíamos. Después de La máquina infernal se suma Roberto Taccone que tocaba el bajo. Debutamos cuando yo tenía 15, Roberto 18 y Gustavo 14, en un club en Ituzaingó. Eso duró unos cuantos meses más, después vino el Grupo Mirage con el que hacíamos covers. Más tarde el Dúo West, el Trío West, después me vengo para Capital. Se arma el grupo Puntual y al mismo tiempo ya tocaba con la Banda Marrón. Con esta banda ya empecé a hacer temas míos y en el ‘85 es cuando entro a Riff.

— ¡Cómo entraste a tocar con Pappo? ¡Cómo era trabajar con él?
— Estaba tocando con mi Banda Marrón en el boliche TNT y vinieron a verme Norberto (Pappo) y Víctor, se quedaron unos tres o cuatro temas y se fueron. Eso fue un sábado. El domingo alrededor de las ocho de la noche me llamo Víctor a la casa de mi mamá y me preguntó si quería formar parte de Riff. Por supuesto dije que sí y al día siguiente a las 10 de la mañana ya estábamos ensayando. Trabajar con Pappo era seguir sus indicaciones, salvo cuando cantaba, porque no me podía indicar cómo cantar. Pero era una vorágine, todo el tiempo.

— En una reciente entrevista al legendario baterista Juan Rodríguez –que tocó también con Pappo junto a Alejandro Medina– nos contaba que por ahí se iban de gira en un micro viejo que «El Carpo» manejaba y qué en determinado momento se bajaba y se ponía a gritar media hora, después subía de nuevo y seguía como si nada. ¡Te tocó vivir esa experiencia o alguna similar con él?
— No, eso no lo vi nunca. No sé en qué época tocaba Juan Rodríguez, a quien conozco muy bien. Él fue el baterista de la Banda Marrón, en reemplazo de Beto Topini y si bien con Topini hacíamos una cosa energética muy fuerte, con Juan Rodríguez la investigación y la zapada infernal venia servida en bandeja por lo que nos ofrecía Juan, tanto al Negro Tony como a mí, en calidad de base rítmica, arriba de la cual nosotros dos empezamos a tocar como locos. ¡Por qué la Banda Marrón llamaba tanto la atención? Nosotros tocábamos doce temas o trece y las actuaciones duraban dos horas y media. Tocamos 40 domingos seguidos en Lanús, explotaba. Y era una cosa mortal. La Banda Marrón con Beto Topini era una cosa porque recién empezaba a hacer temas propios pero la mitad eran covers. Pero no fue sino hasta la inclusión de Juan Jorge Rodríguez, baterista excepcional, que empezamos a comenzar esta dimensión genuina. Había una zapada increíble de nuestros propios temas.

— ¡Cómo es tu método compositivo? ¡primero la letra o la música? ¡o ambas al mismo tiempo?
— Si viene lo que tiene que venir, que es la inspiración total, entonces viene todo junto. Y si no, tengo que sentarme con la guitarra o con el piano a tocar algo, que se hace periódicamente según las ganas que uno tenga. Entonces viene la música primero. Y después agarro todos los pequeños bocetitos que fueron surgiendo y voy ordenándolos. Cuando tengo unos cuantos, hago un trabajo de tamizado y quedan los que más me interesan. Y después, con suerte, aparecen algunas canciones desde el punto de vista rítmico, melódico y armónico más o menos hechas y derechas y las letras comienzan a salir solas. Porque son cosas que yo tengo dentro que pegan o cuajan, según mi criterio, con diferentes ritmos o armonías. Y así van saliendo las canciones.

— ¡Qué cualidades considerás que tiene que tener un buen músico? ¡Es importante el estudio?
— El estudio es importante y la práctica también lo es. El conocimiento del estilo que nos interesa, nos da más posibilidades, también nos da herramientas para trabajar. Y es importante saber que siempre tiene que haber una buena predisposición social de parte de nosotros, una actitud humilde, que nos acerque a la gente. Y en el mejor de los casos nos daremos cuenta lo importante que es ser agradecidos, cuanto balancea la cosa entre el artista y el publico el hecho de uno mostrarse agradecido y que eso sea una convicción por parte del artista, cosa que no es tan difícil porque es indudable que los artistas logramos ser profesionales porque la gente compra nuestros discos y los tickets para ver nuestras actuaciones.

— ¡Dictás clases?
— No, sencillamente porque no tengo los conocimientos que se necesitan para transmitir a otros.

— Luego de haber editado ¡14 discos! ¡Hay algunos que recuerdes con más cariño o personalmente te gusten más?
— No. Todos en su momento fueron importantes y realmente muy queridos por mí. Porque cuando los grabé hice todo lo que más podía para dar lo mejor de mí. Así es que técnicamente hay muchas diferencias entre unos y otros, compositivamente también, pero estoy muy seguro de haber hecho lo mejor posible en cada momento. Uno no siempre está en el mismo rango de performance porque uno es humano y tiene diferentes momentos y así funciona. Pero si se hace un esfuerzo y el esfuerzo siempre es el mismo, técnicamente los resultados pueden ser distintos, pero emocionalmente siempre van a estar cargados con la misma energía.

— Participaste además en dos discos de tributos: uno a Carlos Gardel (en 1995) y otro a Rata Blanca (en 2001). Un poco raro ¡no? ¡Habla esto de tu amplitud o flexibilidad en cuanto a gustos y géneros musicales?
— No solamente eso, sino el hecho de que a veces algunos muchachos me piden que haga algunas cosas a nivel artístico con ellos. Y si me lo piden de una manera que para mí resulta agradable y yo tengo una buena afinidad en cuanto a lo artístico, entonces no tengo ningún problema. Es más, es un honor que me pidan que participe, lo agradezco infinitamente y nunca voy a decir que no. Pero te repito, tengo que conocer a la persona, mínimamente y me tiene que cuajar y también me tiene que cuajar la parte artística porque no voy a cantar algo de lo que no estoy convencido.

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— También compartiste varios escenarios con grandes maestros como Eric Clapton, Joe Cocker, Ian Gillan y BB King ¡Qué experiencias te dejaron?
— En cada uno vi cosas diferentes, buenas y no tanto. Por ejemplo, no me gustó lo que hizo Clapton porque no le respondió a la gente como debería haberlo hecho, según mi humildísima opinión, ni a nosotros que éramos soporte y que estábamos a 15 metros de su camarín. Nos encerraron en nuestro camarín porque él iba a pasar y no quería que lo viera nadie, por poner un ejemplo. Y desde arriba del escenario vimos como toda la gente rugía, después que Clapton terminó de saludar y se fue, pidiendo otro tema. Y Clapton nunca volvió, mientras la gente seguía gritando a morir. Clapton y su gente se subieron en un Mercedes Benz 608 D azul. No me lo voy a olvidar nunca en la vida eso, y se fueron, se fueron y se fueron.

— Después de haber tocado por varias décadas en el país… ¡Cómo ves la música y los músicos actuales? ¡Qué diferencias encontrás con los años 80 o 90 por ejemplo?
— Veo a mucha gente joven, integrantes menores de un pueblo que no está bien a nivel social, económico y cultural. Y ven toda una serie de cosas y los pibes escriben al respecto, sobre sus vivencias particulares. Eso es un libro abierto, escrito por todos nuestros pibes que por ahí no son literatos, pero son tipos comunes y corrientes que tienen muy poco dominio de la técnica pero que te dicen «Hoy, menos mal que pude comer un plato de fideos con manteca. Porque ayer pude comer solamente fideos sin manteca». Eso, esa prosa tan sencilla, habla de muchísimas cosas, porque esa es solo una pequeña expresión de miles de otras cosas que están pasando. Esto que hacen estos pibes tiene un gran valor artístico, porque es prácticamente un documental. Por ese lado lo veo fenómeno, porque es un momento de creatividad terrible. Escucho muchas cosas y muchas son realmente muy buenas, y no puedo sino desearles mucha suerte a todos los artistas nuevos.

— Proyectándonos en el tiempo ¡Qué tenés pensado hacer? ¡Cuáles son tus planes para el futuro?
— Simplemente presentar todo este año este Tributo a Riff VII y recorrer todo mi país ¡haciendo lo que más me gusta!

— Por último ¿Qué te gustaría decirles a los lectores de nuestra revista?
— Hay muchas cosas escritas sobre la técnica, a la que siempre tenemos que tener de nuestro lado y hay otras muchas cosas que escribió el hombre sobre las creencias y el comportamiento humano. Y hay que tratar de estar cerca de todo eso en cuanto al conocimiento que el ser humano puede manejar. Y con conocimiento es como podremos levantar nuestro nivel para dar lo mejor de nosotros a la gente que uno quiere.

Y a vos ¿te gusta el estilo de JAF? Queremos saber tu opinión.

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Acerca de Simón Zarub

Músico, periodista y programador de PC. Fundador y director de la revista encontrArte Musical.

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